Alegría universal
El restó bar Universo Fútbol contenía una atmósfera llena de optimismo. La presencia del entrenador que le dio el primer título mundial a la Selección Argentina parecía ser un buen presagio de la recuperación futbolística de la Albiceleste y, sobre todo, de Lionel Messi. “Creo que la selección hoy va a andar bien”, remarcó César Luis Menotti mientras miraba asombrado las paredes del local cubiertas con fotos de grandes equipos y figuras del fútbol nacional e internacional.
“Cosas como una buena charla entre amigos o compartir un café van de la mano. Son aspectos que hacen a la porteñeidad y a nuestra cultura, y que algunas veces perdemos de vista. Es necesario rescatar, valorar y preservar estas características. La idea no es volver a los viejos ritos, sino no perderlos porque son nuestra identidad. Cuando nos quejamos por jugar mal al fútbol viene en parte por eso, porque no sabemos de donde venimos, que fuimos y que nos identifica”, añade Domínguez con una tranquilidad asombrosa.
La entrada del lugar está custodiada por una vitrina repleta de muñecos en miniatura similares a los que promocionaba Coca-Cola durante el Mundial de Francia 1998 y da lugar a dos salones: uno iluminado por una débil luz proveniente de una araña y otro oscuro, como un cine casero. Un patio al aire libre y los baños en el segundo piso otorgan un aire aún más bohemio al lugar, enclavado a escasos metros de las vías del Ferrocarril San Martín.
Ramiro Bonacina es uno de los camareros de Universo Fútbol. Chef profesional, hincha de River y Barcelona, ha recorrido Europa durante los últimos 10 años, ejerciendo su profesión en diferentes puntos del Viejo Continente: “Hoy Argentina gana 3 a 1, con un gol de Messi y otro dos del Pipita Higuaín”, afirma con expectación y disfrazándose de pulpo pronosticador. Bonacina, de 29 años y de herencia napolitana, sabe los idiomas italiano y catalán, aunque le es más fácil entenderlos que hablarlos. Y admite que es un trotamundos: “Estuve muchos años fuera de Argentina: en España trabajé en Valencia, Barcelona, Tenerife, Ibiza y otras ciudades. También estuve en Francia, Italia, Holanda y África”. En reiteradas ocasiones se detiene para molestar a sus compañeros, mientras camina por el salón simula realizar piruetas como si tuviera una pelota en sus pies.
Uno de sus colegas es totalmente diferente a él. Alexander Danislov es ucraniano y tiene 21 años de edad; arribó a nuestro país cuando apenas contaba con 13 abriles. Por más que sea empleado de un bar en el que se respira, se come y se siente el fútbol, Alexander trata de escaparle a la histeria de este juego: “No me interesa el fútbol, pero los partidos de Argentina trato de seguirlos. Hoy no creo poder verlo porque faltó una compañera y tendré que hacer de mozo improvisado”, bromea. A pesar de haber nacido en la vieja Unión Sovietica, su acento está muy lejos de ser el de un individuo oriundo de Europa del Este, más precisamente de la ciudad Kamenets-Podolsky. “Estudié administración de empresas y contaduría en UADE, dejé porque me cansó un poco pero pronto retomaré”, agrega Alex.
Más allá de los camareros, las mesas, las barras y los recuadros de la Máquina de River y los Carasucias de San Lorenzo, el verdadero corazón del negocio del investigador radica en el fondo de la propiedad, donde está la cocina. El encargado de imponer respeto en esa área se llama Martín Antonio Martínez. “No soy cocinero, pero hago esto desde chiquito y me doy maña a la hora de hacer comidas”, confiesa rodeado por un ejercito de insumos gastronómicos, ollas y sartenes. “No pude ver ningún partido todavía. Estamos complicados porque dependemos de un tipo que nunca hizo nada con la Selección y además tenemos un montón de estrellas que no brillan”, comenta el hombre quien lleva puesta una camiseta argentina con el número 14 y el nombre “Mascherano” en la espalda. “Masche es uno de mis ídolos, pero el más ídolo de todos es el Enzo, sin dudas”, agrega.
Con el correr de los minutos, se acercaron al bar otros referentes del fútbol nacional como el técnico Ángel Cappa o el preparador físico Fernando Signorini, además de Héctor Chavero, el ayudante de campo de la Selección de Holanda de Johan Cruyff en 1974. Todos ellos seguían con atención las alternativas del encuentro y de vez en cuando paraban para comer los platos que los mozos les acercaban a la mesa en las que se encontraban.
En el caso de Cappa, considerado por muchos como un filósofo del fútbol, prefirió no mostrar inmediatamente sus sensaciones en relación a la tónica del cotejo, aunque en su rostro se notaba la alegría de la victoria argentina pero a su vez un dejo de incertidumbre sobre el futuro del equipo: “Es muy apresurado abrir un juicio sobre las posibilidades del equipo en el próximo compromiso”, destacó con algo de preocupación.
“Es el primer partido que veo jugar bien a la Selección en esta Copa América; el equipo estaba quebrado hasta ahora. Messi está bastante enchufado y creo que es porque el equipo jugó de la mejor manera”. La opinión es obra de Nicolás Álvarez, de 29 años y frustrado volante central y lateral izquierdo de las divisiones inferiores de Vélez Sarsfield: “Jugué en inferiores en la época dorada del club, en la década de 1990. Pero no llegué a debutar en primera porque dejé por las exigencias que representa ser jugador de fútbol y además por el estudio”, remarca Álvarez molesto por las insistentes llamadas de su esposa mientras él disfrutaba de una pizza napolitana.
En el epílogo del encuentro, la alegría flotaba en el aire. Todos los clientes gritaban enfervorecidos. Y ante cada destello de Lionel Messi, el sector donde se encontraban los eruditos del fútbol hacía lo propio. Eventualmente, el rendimiento del crack del Barcelona y los tres goles del seleccionado fueron celebrados como si fuera una final. “Messi jugó como siempre, pero tuvo mejores acompañantes. Dio nueve pases de gol, los contamos con el Flaco Menotti. Igual, si no hubiésemos tenido a Messi creo que no lo ganábamos”, indica Chavero con una sonrisa no del todo feliz en la cara.
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