viernes, 8 de julio de 2011

Teófilo Gutiérrez, un goleador con toda la fe


"El fútbol me sacó de una guerra, y de todos los problemas de violencia". Detrás de la serenidad con que deslumbra en sus definiciones se esconde un pasado colmado de nervios, miedos y angustias. El barrio de La Chinita, en Barranquilla, hizo de Teófilo Antonio Gutiérrez Roncancio un hombre modelado por la adversidad.

Hace 19 años, las redes de la escuelita Independiente Framy, ya eran testigo de que “Teo” tenía lo necesario para ser un futuro goleador de raza. No da perfil de rompe redes ni por casualidad. De estatura normal (1,78) y timorata voz bajita, el colombiano no tiene nada de los tanques que se llevan a los defensores por delante. No se trata de un autito chocador, sino de uno goleador.

Algunos futbolistas escuchan cumbia en los vestuarios, pero este colombiano de 26 años opta por la salsa puertas adentro. El actual atacante de Racing no solo puede presumir de llevar el ritmo en la sangre, sino que además, siendo extranjero, ha conseguido en el certamen argentino, lo que pocos han logrado: consagrarse como máximo artillero en su primera temporada.

Hinchas de Junior, Barranquilla FC y Trabzonspor de Turquía gritaron sus goles pero fue en este último donde se encuentra un recuerdo muy afectuoso para Teo. Anotarle un tanto al Liverpool por la Europa League. Algún día, podrá contarles a sus hijos que es el único colombiano de la historia en marcar cuatro hat-tricks en un año. Esa misma marca fue la que le valió para ganarse el apodo de “Triófilo”, aunque no es de su mayor agrado.

Familiero, de esta manera se puede definir en una palabra al delantero que tiene como referentes a Valderrama, Ronaldo e Ibrahimovic. Entre los valores fundamentales que mamó en su infancia figura en principal lugar la familia. Tanto que, antes de arribar al club de Avellaneda, les avisó a los dirigentes: “Si quieren que rinda el 100%, me ayudarán a traer a mi esposa e hijos”. Su mujer Yeimy, y sus dos niños: Yeilou Andrea (6 años) y Cristiano Manuel (3) son su felicidad.

Los colores racinguistas no solo los lleva en la camiseta, sino que además, hizo pintar la casa de sus padres y abuela de celeste y blanco. Ni los tocayos Guillermo Francella y Andino, fanáticos asumidos de la Academia, han hecho lo que Teo se animó a hacer.

Algunos jugadores toman vitaminas, otras entrenan en jornadas de doble turnos. Pero Gutiérrez tiene su método aparte: "Dios es el ser más lindo que hay. Me humillo ante Él para que me ayude y me de fuerza para seguir adelante", afirma el delantero que en cada gol eleva su mirada al cielo. Su mamá Cristina fue la persona que le transmitió esa devoción religiosa, y según ella, el talento se lo da “El Barba”.

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